Sentir con intensidad no es el problema. La verdadera dificultad aparece cuando la emoción elige la respuesta antes que tú.
Por Claudia Herrera, médica y terapeuta, especialista en trauma, DBT y neurociencias.
Seguro que en algún momento has vivido una situación así: le escribes a alguien importante y la respuesta no llega. Pasan los minutos…
Y empiezas a leer el silencio como rechazo, sientes que se te aprieta algo en el pecho y aparece el impulso: reclamar, escribir tres mensajes más o desaparecer sin decir nada.
Después, cuando ya estás tranquilo, llega la otra pregunta: “¿Por qué reaccioné así, si sabía que podía hacerlo de otra manera?”.
Es una escena cotidiana y tiene una explicación que nos deja muchas enseñanzas.
Tu cerebro interpreta todo el tiempo lo que ocurre a tu alrededor, y en ese trabajo participan varias regiones a la vez.
Una de las primeras en reaccionar es la amígdala cerebral, una estructura del tamaño de una almendra que tenemos en cada lado del cerebro y que interviene en la detección de situaciones emocionalmente relevantes, incluidas las posibles amenazas.
Por su parte, la corteza prefrontal participa en la planificación, en la evaluación de alternativas y en la regulación de las respuestas.
Así, cuando percibes una amenaza, el cuerpo entero se prepara para responder. Y si la emoción sube mucho, cuesta más ver otras explicaciones o pensar en las consecuencias.
Por eso no es que te falte voluntad. En ese momento, la respuesta rápida llega antes que la respuesta pensada.

Volvamos al mensaje sin responder. Tal vez esa persona esté en una reunión, sin batería o simplemente ocupada. El silencio admite muchas lecturas, pero en caliente solo aparece una. La emoción es real y merece que la tomes en serio. Lo que no siempre conviene es actuar según el primer impulso que trae.
La Terapia Dialéctico Conductual (DBT) nos enseña que regular las emociones no significa eliminarlas, sino aprender a responder de una manera más efectiva. Hay tres pasos para empezar a practicar:
En lugar de enviar el mensaje desde la rabia, puedes esperar a estar más tranquilo, revisar qué sabes realmente y después decidir cómo quieres decirlo.
No siempre es fácil. Cuando la activación es muy alta, primero hace falta bajarla con habilidades para tolerar el malestar, y solo después viene la conversación. Intentar razonar en el pico de la emoción rara vez funciona, ni contigo ni con nadie.
La capacidad de regular las emociones no es un rasgo fijo. Depende de lo que has vivido, del estrés que traes acumulado y de las habilidades que has tenido oportunidad de aprender. Como cualquier otra habilidad, se fortalece con la práctica.
No siempre puedes elegir lo que sientes, pero sí puedes aprender nuevas formas de responder. El objetivo no es dejar de sentir rabia, miedo o tristeza, sino evitar que esas emociones decidan automáticamente por ti.
Todos tenemos días difíciles. Vale la pena consultar cuando:
Una valoración profesional permite entender qué está ocurriendo y definir un plan ajustado a tu situación.
En DBT Medellín acompañamos a personas que sienten con mucha intensidad y quieren aprender a responder distinto. No para dejar de sentir, sino para que las emociones dejen de decidir por sí solas. Contáctanos ahora
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