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Cuando pedir ayuda da miedo: 4 mitos sobre la psiquiatría que vale la pena dejar atrás

Buscar ayuda no significa que seas débil ni que hayas fracasado, es reconocer que tienes un malestar que merece atención profesional especializada.

En consulta, hay una experiencia que se repite con frecuencia: el temor profundo que aparece cuando se sugiere una evaluación psiquiátrica.

Durante años, la psiquiatría ha estado rodeada de ideas erróneas. Algunas vienen del cine y la televisión, otras del desconocimiento y muchas simplemente se han transmitido de abuelos, padres y amigos como verdades que no lo son.

Por ello, muchas personas sienten miedo o vergüenza cuando piensan en consultar a un psiquiatra. Algunas posponen la decisión durante meses, otras abandonan tratamientos efectivos y algunas más creen que pueden resolverlo solas.

Afortunadamente, hoy sabemos mucho más sobre la salud mental que hace unas décadas y contamos con tratamientos respaldados por evidencia científica que han demostrado ser efectivos y favorecer cambios sostenibles en muchas personas.

Mito 1. "Ir al psiquiatra es para personas que están locas".

Las emociones nos ayudan a comprender nuestras necesidades, relacionarnos con los demás y adaptarnos a las situaciones que enfrentamos. Cuando una persona ignora constantemente lo que siente, pueden aparecer dificultades como irritabilidad frecuente, reacciones impulsivas, problemas en las relaciones (familiares, laborales, sociales), estrés crónico, ansiedad o síntomas depresivos. 

Algunas personas también recurren al trabajo excesivo, al aislamiento o al consumo de alcohol como formas de escapar del malestar cuando la dificultad no está en sentir emociones, sino el no haber aprendido a reconocerlas, expresarlas o gestionarlas.

Reconocer una emoción no significa dejarse dominar por ella

Existe la creencia de que identificar una emoción implica perder el control, pero la realidad es que cuando reconoces lo que estás sintiendo, puedes tomar decisiones más conscientes. 

Cuando intentas ignorar una emoción, esta suele intensificarse o manifestarse de maneras que generan más sufrimiento. Mientras que, reconocer experiencias como la tristeza, el miedo, la decepción o la frustración es el primer paso para gestionarlas de forma saludable.

Mito 1. "Ir al psiquiatra es para personas que están locas".

Este es el prejuicio que más hace daño.

Míralo de esta manera, así como un cardiólogo trata enfermedades del corazón, el psiquiatra es un especialista que acompaña a personas que presentan dificultades relacionadas con el cerebro, las emociones y la conducta

Son muchas más situaciones de las que crees, entre ellas:

  • Ansiedad Depresión
  • TDAH
  • Trastornos alimentarios
  • Trastorno límite de la personalidad
  • Trastorno bipolar
  • Dificultades para regular las emociones
  • Problemas de sueño
Buscar ayuda no significa que seas débil ni que hayas fracasado, es reconocer que tienes un malestar que merece atención profesional especializada.

Mito 2. "Los medicamentos van a cambiar mi personalidad".

Esta es una de las preocupaciones más comunes y es completamente válida. Sentir miedo a dejar de ser uno mismo tiene todo el sentido. La buena noticia es:

En el día a día, cientos de pacientes comprueban que, cuando un tratamiento está bien indicado y cuenta con el seguimiento adecuado, no cambia quiénes son, sino que disminuye los síntomas que interfieren en sus vidas, como:

  • Ansiedad intensa
  • Impulsividad
  • Tristeza persistente
  • Insomnio
  • Pensamientos obsesivos

Por eso al contrario, expresan “siento que volví a ser yo”.

Mito 3. "Si empiezo a tomar medicamentos, tendré que hacerlo toda la vida".

Tienes que saber que no necesariamente es así: la duración de un tratamiento depende de múltiples factores, entre ellos:

  • El diagnóstico
  • La gravedad
  • El número de episodios previos
  • La respuesta clínica
  • El riesgo de recaídas

Cada caso es individual y en todas las situaciones se busca el bienestar del paciente. 

Mito 4. "Hablar de mis problemas debería ser suficiente".

Es cierto que tener un espacio seguro para hablar es muy importante, pero la salud mental no se trata de falta de voluntad o de solo ser escuchado, también incluye aprender habilidades concretas para responder a diferentes situaciones con diferentes intensidades.

Es ahí donde aparecen psicoterapias basadas en evidencia como la Terapia Dialéctica Conductual (DBT), que te escucha, te enseña y te entrena.

El valor de la ciencia en la salud mental

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Ahora que ya has dejado atrás los mitos, es importante que sepas que en salud mental, no todas las intervenciones tienen el mismo respaldo científico.

Los tratamientos basados en evidencia científica, como la DBT, nacen de investigaciones rigurosas que nos indican con claridad qué funciona, para quién y en qué condiciones, lo que aumenta la probabilidad de experimentar cambios reales y sostenibles.

En DBT Medellín trabajamos precisamente desde este enfoque: integrar la mejor evidencia disponible con una atención humana, especializada e individualizada que va más allá del alivio de los síntomas al desarrollo de las habilidades necesarias para construir una vida con mayor bienestar y sentido.

Si tú o alguien cercano está enfrentando dificultades para regular sus emociones, ansiedad, depresión o impulsividad, recuerda que buscar ayuda siempre ofrecerá mejores resultados que dejarse llevar por los mitos.

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