Detrás de una crisis intensa, rara vez hay un niño malcriado: casi siempre hay un pequeño con emociones más grandes que las herramientas que tiene.
¿Te resultan familiares escenas como un llanto que no se calma porque se le cayó el helado, una rabia que dura todo el día porque ya no van a la casa de los tíos?
Y, quizá, también te has preguntado: ¿será que lo estoy educando mal? A esto pueden sumarse juicios de otros: “es muy consentido”, “ya está muy grande”.
Olvidando un detalle clave, en muchos casos, nuestros niños están teniendo dificultades para desarrollar una habilidad fundamental: la regulación emocional.
Es la capacidad de reconocer lo que estamos sintiendo, comprender qué está provocando esa emoción y responder de manera efectiva. Regular una emoción no significa evitarla ni dejar de sentirla, sino aprender a responder a ella.
Esta es una habilidad que se desarrolla a lo largo de la vida. Ningún niño llega con ella terminada, se empieza a reconocer en los primeros años y continúa fortaleciéndose durante la infancia, la adolescencia e incluso la adultez.
Las emociones hacen parte del desarrollo. Lo que cambia entre un niño y otro no es su presencia, sino los recursos que tiene para manejarlas, pudiendo desbordar en comportamientos como:
Estas son señales de que el niño necesita aprender la regulación emocional.
Los niños las incorporan observando cómo los adultos manejan su propio malestar y recibiendo herramientas para identificar y nombrar sus emociones, reconocer qué las desencadena y ensayar nuevas formas de responder.
Acompañar no significa controlar lo que el hijo siente, sino convertirse en un referente para aprender a atravesar una emoción difícil.
Cuando la ansiedad sube, el niño no elige la reacción: su sistema emocional responde para protegerlo ante una amenaza que debe atender de inmediato. Primero necesita recuperar la calma y sentirse seguro, luego viene el diálogo.
Algunas estrategias que favorecen este aprendizaje son:
Busca ayuda profesional cuando:
Una evaluación profesional permite comprender qué está ocurriendo y diseñar un plan de intervención ajustado a las necesidades del niño y su familia.

En DBT Medellín los acompañamos a través de DBT Children, un programa basado en la Terapia Dialéctica Conductual (DBT) adaptado al niño y a su familia.
El objetivo no es que el niño deje de sentir, sino que aprenda a comprender y manejar lo que siente. En equipo con los padres trabajamos habilidades como:
La experticia acumulada en DBT Medellín nos muestra que aprender a regular las emociones desde la infancia cambia la manera en que un niño enfrenta lo que vive ahora y lo que vendrá después.
Si quieres saber si DBT Children puede ayudar a tu hijo, contáctanos. Nuestro equipo puede orientarte y resolver tus dudas.
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