DBT Medellín

Manejo efectivo del estrés

Manejo efectivo del estrés
Aunque a menudo se considera algo negativo, la respuesta al estrés es indispensable para la supervivencia, ya que ayuda al organismo a adaptarse a situaciones retadoras y a mantener el equilibrio de nuestros procesos fisiológicos.
Es más, fue lo que ayudó a nuestros antepasados a escapar de los depredadores y a luchar contra los enemigos.

Hay un estrés ‘bueno’ que puede ayudarnos a reaccionar en una emergencia o presentar con éxito un informe de fin de año frente a la junta. En cambio, hay otro tipo de estrés conocido como ‘tolerable’, el cual no es tan útil, pero que se puede controlar antes de que se convierta en estrés crónico / tóxico.

Por lo general, se considera que un estresor es cualquier estímulo que desestabiliza nuestro equilibrio físico o mental. Durante el día podemos estar expuestos a factores estresantes de muchas maneras diferentes, desde tareas relacionadas con el trabajo, interacciones negativas con colegas o familiares, estar atascados en el tráfico o cuidando a un ser querido enfermo, hasta el ruido inesperado de un mensaje telefónico o ver malas noticias en televisión.

Cuando uno experimenta estrés agudo o estímulo, el sistema nervioso simpático se activa rápidamente. Esta activación se conoce como la respuesta de «lucha o huida», que da como resultado un aumento de la respiración, la presión arterial y la frecuencia cardíaca, y activa la comunicación entre las vías hormonales.

El estímulo que altera nuestro equilibrio no tiene que ser real, también pueden ser nuestros propios pensamientos. El estrés moderno se basa en los detalles de cómo percibimos los eventos de la vida cotidiana. La angustia psicológica es la manera como imaginamos y creemos que algo está sucediendo en lugar de lo que realmente nos está sucediendo. Se trata de percepción, pura y simple.

Manejo efectivo del estrés

En personas sanas la respuesta al estrés se ve rápidamente contrarrestada por el sistema nervioso parasimpático: «descanso y digestión». La cantidad de hormonas y neurotransmisores disminuye una vez que el cerebro ya no percibe el evento como una amenaza.

Sin embargo, la enfermedad puede surgir cuando hay una larga exposición a estas sustancias, ya que conduce a un estado inflamatorio – tóxico, principalmente en personas vulnerables, que puede afectar negativamente la estructura del cerebro y otros numerosos aspectos de la salud.
Aunque sin duda es una medida subjetiva, la mayoría de las personas se consideran «estresadas», generalmente debido a las historias que se cuentan a sí mismas y a otras personas sobre sus experiencias de vida.

Sería muy difícil encontrar personas que viven sin estrés hoy en día, sin embargo, hay personas que encuentran una manera de vivir con estrés tolerable. Algunos investigadores de Sandford han desarrollado los conceptos de ‘frenos, amortiguadores y factores de protección’, que pueden entenderse como espacios de descanso entre períodos de estrés, similar a cuando frenamos un carro cuando sentimos que va muy acelerado, para mantenerlo bajo control. Podemos crear nuestros propios frenos para reducir el estrés a un nivel inferior, como picos y valles, que podrían ser manejables. Esta es probablemente la mejor manera de lidiar con el estrés en la vida cotidiana.

Puede parecer difícil vivir entre picos y valles, pero es posible, y mejorará en gran medida nuestro bienestar, sintiendo que podemos vivir una vida que inevitablemente tendrá estresores. Podemos enseñarle a nuestro cerebro nuevas formas de lidiar con situaciones que se perciben como amenazantes, de tal manera que comiencen a ser percibidas como «esas situaciones otra vez» y las deje pasar sin generar gran incomodidad o activar todas las reacciones fisiológicas mencionadas anteriormente.

La atención plena, mindfulness, es una práctica que tiene comienzos en el budismo y que empíricamente se ha demostrado que está asociada con el bienestar psicológico. Se ha adaptado para que los elementos de la atención plena: la conciencia y la aceptación sin juicios de la experiencia de cada momento, se consideren antídotos potencialmente efectivos contra formas comunes de estados inflamatorios o angustia psicológica, tales como, ansiedad, miedo, ira, depresión, etc.

Por lo general se practica junto con diferentes tipos de psicoterapia, ayudando a que una persona se enfoque en el momento presente a propósito, observándolo y describiéndolo sin juicios ni apegos, viendo las situaciones como son y no la concepción que tenemos de ellas. Al aprender a describir eventos sin juicios, nuestra respuesta de «lucha o huida» no siempre se activará, sino solo cuando sea útil para sobrevivir. De esta manera podemos desarrollar factores protectores para futuras emociones difíciles o interacciones desafiantes.

Hay muchas formas de practicar la atención plena, incluyendo:

Manejo efectivo del estrés
  • Respirar prestando especial atención a lo que le sucede a nuestro cuerpo mientras inhalamos y exhalamos, observando cómo se siente cada parte y aprendiendo a describir esos sentimientos.
  • Respirar tratando de observar los pensamientos que llegan a la mente y dejándolos pasar, como si fueran nubes en el cielo.
  • Observar con curiosidad los lugares donde vivimos y trabajamos, como si fuera el primer día en ellos, prestando atención a todos los pequeños detalles.
  • Hacer las tareas domésticas habituales sintiendo todas las sensaciones que entran en nuestro cuerpo a través de nuestros sentidos.
  • Todos los días mientras comemos, podemos hacerlo de forma menos automática y ser más conscientes de la comida al mirarla, identificando diferentes olores y sabores, notar el momento en que salivamos mientras continuamos con el siguiente bocado.
  • Igualmente, cuando manejamos o caminamos a cierto lugar, a menudo nos acostumbramos a seguir el mismo camino y ni siquiera notamos señales, árboles, etc.
  • Separar tiempo para hacer cualquier tipo de arte en el que estemos, como dibujar, pintar, esculpir, etc., para que podamos tener la mente plena en ellas.
Varios investigadores han examinado la relación entre las prácticas de atención plena y el bienestar psicológico mediante la comparación de personas que meditan con otras que no lo hacen, a través de varios índices de bienestar psicológico.

Las personas que practican meditación han reportado niveles significativamente más altos de atención plena, autocompasión y sensación general de bienestar, y niveles significativamente más bajos de síntomas psicológicos y dificultades con la regulación de las emociones, en comparación con aquellos que no lo hacen. Los cambios en estas variables se asociaron directamente con el alcance de la práctica de la meditación.

Al estar más presentes y conscientes de nuestra vida cotidiana, podemos identificar nuestros pensamientos y emociones, y podemos verificar los hechos en cada situación que experimentamos. Volvernos más conscientes de las personas y los lugares que nos rodean nos permitirá disfrutarlos más y, por lo tanto, mejorar nuestro bienestar dentro de un contexto de estrés tolerable.
Comparte este artículo

También te puede interesar