Por eso es fácil que aparezca el burnout: un agotamiento físico y emocional que no se resuelve con una siesta. Aquí exploramos por qué diciembre puede ser un detonante, el papel de las vacaciones y cómo darle un sentido distinto al cierre de tu año.
El burnout no es una falla personal, sino una respuesta a condiciones laborales exigentes. Según la Organización Mundial de la Salud, se pierden cada año miles de millones de días de trabajo por ansiedad y depresión.
El fin de año suele intensificar esta presión: la combinación entre cierres y celebraciones laborales, personales, familiares y sociales suele generar insomnio, irritabilidad, falta de concentración y sensación de agotamiento profundo.
En diciembre, las invitaciones de “¡tenemos que vernos antes de que acabe el año!” pueden multiplicarse y, muchos sienten que no pueden decir que no.
Existe una presión social que impulsa a cumplir con todo, como si el 31 de diciembre fuera un límite determinante. La psicóloga Mariam Holmes, explica que esto nace del deseo de conectar y de la sensación de que el tiempo se acelera. Sin embargo, saturar tu agenda cuando ya estás cansado, incrementa la ansiedad y la irritabilidad. Incluso, elaborar listas interminables de propósitos puede generar frustración.
Por eso, cambiar la mirada ayuda: reconocer logros y agradecer lo que sí pudimos hacer.

Aunque las vacaciones reducen el estrés, estudios muestran que sus efectos duran solo unas semanas. Tomar pausas durante el año y programar micro vacaciones de tres o cuatro días puede ser más efectivo. Incluso quedarse en casa, desconectar y hacer algo distinto, puede restaurar energía.
Pero si sigues revisando correos laborales, no estás descansando. Como señala Christina Maslach, las vacaciones brindan un respiro, pero si al volver nada cambia en el entorno, el problema persiste.
Con el trabajo híbrido y digital, las fronteras entre la oficina y el hogar se difuminan.
El 54 % de quienes trabajan en modalidad híbrida dedica más horas que antes y el 39 % reporta agotamiento por las videollamadas. Además, quienes tienen altas responsabilidades suelen experimentar fatiga mental y pérdida de claridad estratégica.
La sociedad actual valora la ocupación continua. El filósofo Byung‑Chul Han habla de autoexplotación: la idea de que somos libres para alcanzarlo todo, pero terminamos exigiéndonos hasta el agotamiento. La psicóloga Natalie Dattillo alerta sobre la “productividad tóxica”: cuando sentimos que nuestro valor depende de cuánto producimos.
Ante esto es necesario establecer límites, cuidar hábitos y reconocer que descansar también resulta esencial.
Aunque las expectativas y la carga de actividades generan estrés, también puedes elegir vivir esta etapa con mayor amabilidad.
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